Cambiar el rol del Estado en la educación

Andrés Fielbaum, encargado nacional Izquierda Autónoma

Camila Miranda, militante de Izquierda Autónoma e Investigadora de Fundación Nodo XXI

 

 

“Que la educación sea garantizada por el Estado como un derecho social universal”. Lo anterior puede resumir el sentimiento que ha movilizado a cientos de miles los últimos años y que ha dado centralidad al debate educacional en la discusión política general. Se emplaza entonces al Estado. Pero ¿qué es lo que ha hecho hasta ahora el Estado y que es lo que se lo exige?

 

Para entender aquello, es necesario partir afirmando que en Chile tenemos un Estado tremendamente activo en educación. No es cierto cuando se dice que el Estado se ha omitido del debate educacional. El problema es el sentido que ha tomado su acción. En efecto, en vez de tener un Estado garante del derecho a la educación, tenemos un Estado garante del negocio en educación. Así, ha  adquirido conscientemente el rol de un Estado evaluador, que sólo aparece como un regulador técnico y cuya facultad de intervención en las orientaciones de las política públicas en educación y, en el ámbito general de los derechos sociales, es la mera validación, inescrutable,  del “ideario” neoliberal, y por tanto, facilitador de la privatización creciente de toda definición pública.

 

Basta ver las cifras. Los vouchers a nivel escolar aseguran a los dueños de esos colegios recibir sus ingresos-subvenciones mes a mes. De la misma manera, en educación superior el principal ítem de gasto estatal ha sido el criticado CAE, platas que se reparten entre bancos y dueños de Universidades privadas, con un círculo vicioso que vuelve a ser cerrado por el propio Estado con acreditaciones sin ningún filtro.

 

Se ha hablado entonces de que es necesario “mejorar la fiscalización”. De tener un Estado que garantiza el negocio, pasar a tener uno que activamente pelee contra sus abusos y aberraciones mayores. Sin ir más lejos, la ley de inclusión aprobada en enero pasado apunta en esa dirección, al igual que la presente discusión sobre certificación o fijación de sueldos para la carrera docente. ¿Es esto por lo que ha luchado el movimiento estudiantil?

 

 

-Quizá se puedan bajar los niveles de endeudamiento, eliminar aquellas instituciones más alejadas de fines educacionales y otros objetivos que son efectivamente deseables. Sin embargo, la lógica de la competencia se mantendrá, y con ella prácticas que anteponen la caza por estudiantes y el ahorro de recursos por sobre las prioridades educacionales-

 

 

La verdad es que no. Por mucha fiscalización que haga el Estado, mientras la educación siga organizándose con lógicas de mercado, sus aspectos más relevantes se mantendrán intactos. Quizá se puedan bajar los niveles de endeudamiento, eliminar aquellas instituciones más alejadas de fines educacionales y otros objetivos que son efectivamente deseables. Sin embargo, la lógica de la competencia se mantendrá, y con ella prácticas que anteponen la caza por estudiantes y  el ahorro de recursos por sobre las prioridades educacionales. Más aún, seguirá siendo imposible tener un proyecto país que pueda plasmarse, incorporando diversidad y factores locales, en los proyectos educativos de cada institución.

 

Se requiere entonces erradicar al mercado de la educación. Hacerlo, insistimos, no depende principalmente de aumentar prohibiciones,  sanciones y formas de fiscalizar a quienes conviene mantener la lógica mercantil. Depende mucho más de refundar aquel sistema que la construye desde un comienzo como un derecho. La contracara de desmantelar el mercado en la educación es fortalecer la educación pública. Solamente un sistema que tenga como tronco central a la educación pública, siendo ésta de excelencia, democrática, pluralista e integradora, podrá transformar el sistema educativo desde su raíz. En vez de tener a dos tercios de nuestros niños en un sistema “super vigilado” para que no haga lo que tiende a hacer, debe transformarse  para que la mayoría estudie en un sistema que por construcción y definición democrática, vaya diseñando una sociedad diferente.

 

En educación superior el panorama es similar. En medio de diversos anuncios respecto a la gratuidad, se hace necesario recordar el pilar fundamental de los petitorios históricos: pasar de un esquema basado en la competencia a uno basado en la colaboración, que pueda tener en su primera prioridad los requerimientos del país. El problema por lo tanto no se resuelve simplemente metiendo más plata, pues si el sistema no se reformula desde su raíz, tal plata será ingresada a un saco que tiene un hoyo grande justo arriba de las cuentas corrientes de los grandes empresarios de la educación.

 

El ejercicio implicará imaginarnos a la  hoy invisibilizada educación pública, determinando las condiciones de calidad, democracia, planificación, inclusión y pluralismo.  Hay varias preguntas por lo tanto que deben ser resueltas en forma democrática para tener Universidades verdaderamente públicas. ¿Qué carreras es necesario que sean impartidas? ¿Cómo se liga a las diferentes Universidades a las necesidades de su región? ¿Qué investigación necesitamos desarrollar? Si la respuestas a estas preguntas vienen dadas por tecnócratas, juntas directivas a las que nadie escogió o por Rectores designados por el Vaticano, es imposible que sea el interés de la sociedad lo que prime. Lo público es siempre democrático y ésa democracia debe expresarse en la construcción de la reforma y a sus vez, estar presente en las mismas  instituciones.

 

 

-En medio de diversos anuncios respecto a la gratuidad, se hace necesario recordar el pilar fundamental de los petitorios históricos: pasar de un esquema basado en la competencia a uno basado en la colaboración, que pueda tener en su primera prioridad los requerimientos del país-

 

 

Ahora bien, hoy no basta con saber qué cambios queremos en educación, sino que también cómo pretendemos lograrlos. Las políticas de los  noventas a la fecha  y la actual tramitación de las “reformas” nos han dejado claro que los mecanismos pueden contradecir a los principios y que carecer de un brújula puede significar cambiar todo para no cambiar nada.

 

El ministerio ha tenido una conducción sumamente errática y hermética, cambiando discursos y propuestas mensual o semanalmente. Ello por sí solo da cuenta de lo irresponsable que sería delegar en ellos la reforma que deseamos. Esta afirmación se refuerza cada vez que el ministerio entrega luces más definitorias: la escuálida reforma tributaria, las múltiples concesiones hechas durante la ley de inclusión, una carrera docente rechazada por la mayoría de los profesores,  las nulas claridades respecto a los criterios para el carácter público de una institución, anuncios de gratuidad sin hablar de educación pública, van demostrando que mientras más conocemos de la reforma, más se parece a una continuidad del actual modelo y por tanto, menos a una reforma.

 

¿Cómo lograr doblar la mano? Movilización, autonomía y unidad. Movilización porque ha demostrado ser la principal herramienta de los ciudadanos chilenos para que sus intereses (y no sólo los de los empresarios) sean tenidos en cuenta. Autonomía para poder imaginar el modelo educativo que soñamos sin depender de los poderosos de siempre. Unidad porque el desafío es sumamente complejo, y la dispersión de fuerzas sólo nos llevará a la derrota.

 

La reforma educacional hoy está en riesgo, pero  puede ser rescatada de las manos del propio gobierno si se logra que los actores protagónicos sean aquéllos que hicieron posible que esta reforma existiera: estudiantes, profesores, apoderados. Poner en el centro del debate a la educación pública para salir del pantanoso escenario que el gobierno construyó. Conquistar este derecho será el primer paso para un Chile mucho más justo, democrático y feliz.

 

 
VOLVER AL INICIO