Gabriel Boric, Diputado Izquierda Autónoma:

"uno de nuestros  grandes desafíos es constituirnos como una alternativa que tenga impacto en el país"

Septiembre, 2015

 

¿Por qué “Izquierda Autónoma”? ¿De qué se desprenden cuando se alude a esa Autonomía?

 

La palabra autonomía muchas veces se presta para equívocos, porque hay quienes la interpretan como una cierta independencia de algo o exclusión respecto a algo. Y la verdad es que el sentido más profundo de la palabra viene de los escritos de Antonio Gramsci, en la línea de L`Ordine Nuovo[1], que define la autonomía en función de la característica que debe tener la clase subalterna frente a la clase dominante, específicamente que estas no deben subordinar su posibilidad de representación o de transformación en la clase dominante, sino que se deben representar ellas mismas. Esta es una discusión teórica de larga data, pero me gustaría llevarla al contexto chileno, y qué mejor manera de ejemplificarla con uno de los más lúcidos autores del siglo XX chileno, Jorge González de Los Prisioneros, cuando en la canción “Por qué los ricos”, dice: “si los de abajo creen, lo que los de arriba dicen, entonces en quién voy a confiar, quizás, al final me dé igual”.

 

Eso creo que expresa, en simple por cierto, la perspectiva que hemos adoptado en Izquierda Autónoma. El no entregar las capacidades de trasformación de las clases subalternas en una pequeña élite, que continúe con una suerte de democracia ilustrada, se utiliza con mucha arrogancia esta idea de -todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

 

Lo veo en el parlamento permanentemente -como fue en el caso de la carrera docente- cómo se aprobó un proyecto de ley que contaba con el amplio rechazo de los profesores. Y los profesores entendieron, y fueron construyendo autonomía política, en el sentido de decir que no iban a aceptar que se les impusiera desde una élite tecnocrática cómo tenían que ser las cosas dentro del aula. Ellos perdieron esta primera batalla, pero creo que fue un tremendo avance en la construcción de autonomía política, en este caso de un gremio, pero que está dentro de la condición de las clases subalternas.

 

 

¿Que relación mantienen con la izquierda histórica del siglo XX? ¿También se declaran autónomos de las tradiciones socialistas y comunistas?

 

En ese caso creo que es una mala utilización de la palabra autónomo, porque no es autónomo en relación a algo. La palabra autonomía no busca expresar diferencia -más allá de que por otros motivos seamos diferentes-. Insisto, la palabra autonomía viene del empoderamiento propio de las clases subalternas. Dicho esto, la relación con la izquierda histórica -tanto las tradiciones socialistas, socialdemócratas y comunistas-, es una relación de aprendizaje y reinvención.

 

De partida, las luchas autonomistas no comienzan con nosotros, sería muy arrogante asumir ello, surgen entendidas como tal principalmente en la Italia de los 60, de elaboraciones que vienen de Gramsci, pero se expresan políticamente en la postguerra. Y nosotros de una u otra manera también nos sentimos herederos de luchas sociales que dieron otras corrientes de  la izquierda, de las cuales tenemos que aprender y rescatar su mejor versión.

 

Nosotros partimos de un análisis muy duro, quizás, pero creemos que la izquierda del siglo XX fracasó, se propuso construir una sociedad distinta, superar el capitalismo y no lo logró: los socialismos reales terminaron sucumbiendo ante sus propios vicios, derivados en totalitarismos; o, por otro lado, la socialdemocracia terminó administrando una suerte de capitalismo, que derivó en neoliberalismo con rostro humano. Ello desde ningún punto de vista supone una superación de las relaciones capitalistas, ni una socialización de los medios de producción, sino que se siguen concentrando en pequeñas élites.

 

Entonces de ese fracaso nosotros tenemos mucho que aprender, y no analizarlo ni con nostalgia ni con odio, sino tratar de evaluarlo en consideración de qué cosas nos sirven para la lucha política hoy, y que cosas hay que desechar. No creemos en seguir un dogma de la izquierda, ni estar permanentemente haciendo una liturgia fúnebre de los errores del pasado, si no usarlos como aprendizaje ahora.

 

Esto habría que conversarlo con muchos militantes más, pero yo me siento más cercano a las tradiciones revolucionarias socialistas que a la tradición más vertical del Partido Comunista. Por cierto, no nos sentimos parte de la derivada social demócrata que nace con Kautsky, con Berstein; y hemos aprendido de nuestra historia: nacional y latinoamericana. Muchas veces estas discusiones se centran solamente en lo que ha pasado en Europa, pero tenemos que mirar más hacia nuestros pies, donde nosotros estamos situados y no pensarlo en función de un eurocentrismo que nos hace mal.

 

 

-la autonomía en función de la característica que debe tener la clase subalterna frente a la clase dominante, específicamente que estas no deben subordinar su posibilidad de representación o de transformación en la clase dominante, sino que se deben representar ellas mismas-

 

 

Y precisamente llevándolo al contexto actual, ¿Tienen una referencia a nivel global? ¿Tienen una opinión sobre Podemos, Syriza, o los gobiernos latinoamericanos?

 

Sería irresponsable de mi parte atribuirme una vocería a nombre de toda Izquierda Autónoma de una opinión desarrollada de estas experiencias, que sin duda miramos con mucho interés. Hay un riesgo muy grande de la caricaturización, hoy hay muchas fuerzas de izquierda diciendo -hagamos un Podemos, hagamos un Syriza; pero como decía Mariátegui: “ni calco, ni copia, sino creación heroica”, y nosotros tenemos que encontrar nuestro propio camino en función de la realidad chilena.

 

Ahora, evidentemente lo que está haciendo Podemos es interesante, ahí hay una disputa y convicción por salir de la vocación de minoría –que ha caracterizado a la izquierda histórica durante mucho tiempo- sin renunciar a sus principios revolucionarios, que me parece notable. Syriza no es un partido, es una coalición de partidos de izquierda, algunos con mucha tradición que acaban de sufrir una derrota brutal por parte del capital económico financiero global, además luego del referéndum, que pensábamos que abría una puerta de esperanza para el pueblo griego. Entonces tenemos que aprender que pasó.

 

No me atrevo a dar una opinión categórica, pero sin lugar a dudas miramos eso con mucho interés y, es deber nuestro apoyar tanto esos procesos, como los procesos latinoamericanos. Sin cuadrarse con una experiencia y decir -“yo quiero ser como…” Nosotros tenemos que proponer en función de nuestra propia realidad.

 

Lo que rescato de la pregunta, y es algo que se ha ido perdiendo en la izquierda chilena, es que todo militante y organización política de izquierda tiene el deber de ser inclaudicablemente internacionalista, y las fronteras nacionales y el chauvinismo nacional muchas veces terminan desfigurando ese deber. Lo vimos en el caso de Grecia, donde la soberanía nacional fue usurpada por el capital mundial, y en España eventualmente puede pasar algo parecido. Y en América Latina, lo hemos vivido a lo largo de nuestra historia en el siglo XX: cómo los intereses extranjeros se imponen por sobre la voluntad de las mayorías de un pueblo. Entonces creo que hay que fortalecer los lazos internacionales, porque, al menos yo, me siento más cercano a un trabajador de Bolivia que al gran empresariado chileno.

 

 

Respecto al periodo político, ¿A qué se refiere Izquierda Autónoma cuando habla del pacto de la transición?

 

Cuando hablamos del pacto de la transición nos referimos al acuerdo político que se dio entre la Concertación y la derecha política, para no discutir ni cuestionar las bases del modelo económico, político y social que había instaurado a sangre y fuego la dictadura cívico-militar; y para dedicarse a administrar y modificar en sus márgenes este modelo. Esto termina de cuajar el año 86, después del fracaso de la estrategia militar del PC, del ala más progresista de la Asamblea de civilidad, y termina llevando un acuerdo que hasta el día de hoy sigue manteniendo intactos los pilares fundamentales de este régimen.

 

La mayoría de las transformaciones que se hicieron en Chile en la década de los ´80 hubiesen sido imposibles de lograr en un sistema democrático, y por eso son muy difíciles de cambiar ahora. La gran revolución chilena neoliberal es tan difícil darla vuelta, porque se imbricó muy profundamente en la sociedad chilena, y hoy en un contexto de economía global y de hegemonía neoliberal, se hace muy difícil discutir las bases de esto. Recién se están abriendo puertas para hacerlo, pero hasta hace unos años parecía una locura hablar de Asamblea Constituyente, no se planteaba tan fuerte el cambio de las AFP, y el plan laboral de la Dictadura se veía totalmente fortalecido con las reformas que se le hacían. Incluso ahora, con la Nueva Mayoría, que ha tenido un discurso más progresista, en la práctica hemos visto cómo sus reformas han terminado administrando o modificando en los márgenes los pilares estructurales de este modelo. A eso nos referimos como el pacto de la transición, la decisión política, económica y militar –porqué no decirlo, en los primeros años- de mantener incólumes las bases estructurales del modelo implantado por la Dictadura cívico-militar.

 

 

-Nosotros partimos de un análisis muy duro, quizás, pero creemos que la izquierda del siglo XX fracasó, se propuso construir una sociedad distinta, superar el capitalismo y no lo logró-

 

 

En esa lectura ¿Donde se agota ese pacto, donde se encuentra la fisura?

 

Una de las cosas que se desarma con la revolución neoliberal es el tejido social, se desarma a sangre y fuego, y luego, durante los gobiernos de la Concertación se hace lo posible intencionadamente por mantenerlos separados. Es así como se le quitan fondos a medios independientes, se promueve un individualismo radical, se extiende el acceso al crédito, pero a la vez la gente se vuelve esclava del consumo, se promueven prácticas competitivas en todos los ámbitos, y eso dificulta mucho la reorganización del tejido social.

 

A medida que los efectos de esta revolución neoliberal en las clases subalternas se van haciendo más evidentes, por ejemplo cuando empezamos a tener la primera generación de jubilados por el sistema de AFP`s; cuando, después de la crisis del ´98, se hace patente que las crisis siempre las pagan los trabajadores; cuando el sistema de salud empieza a colapsar desde la perspectiva pública, y se va elitizando cada vez más el sistema privado; o en el sistema educacional, cómo la expansión de la matrícula a nivel universitario genera una promesa no cumplida de educación para todos, de crecer con igualdad, y en el sistema escolar avanzamos hacia una segregación radical. Creo que ahí el pueblo chileno comienza a tomar consciencia de los efectos de las trasformaciones de los ´80, y comienza también a organizarse, con mucha dificultad e intuitivamente. En el ´97 son las primeras protestas o señales de resquebrajamiento de este orden, también en materia de derechos humanos, y es en el ámbito educacional -que era la promesa transversal del modelo chileno (el famoso “crecer con igualdad” de Lagos)-, por donde hace agua.

 

Nuevamente para citar a Los Prisioneros cuando dicen “mis amigos se quedaron igual que tu, a algunos se les acabaron los 12 juegos, nadie los quiso ayudar de verdad” ahí empieza a hacer crisis, son los movimientos sociales, en un comienzo los estudiantes, que empiezan a plantear críticas al sistema: “Sólo sé que no LOCE”.

 

Primero el 2001 con el mochilazo, el 2005 las luchas contra el crédito con aval del Estado de Bitar y Lagos. El 2006 estalla la revolución pingüina que es aplastada por el pacto de la transición, que muestra quizá uno de sus últimos golpes fuertes –articulado en la fotografía de los brazos en alto, que es muy decidora en ese sentido. Y después viene un proceso de reconstrucción y aprendizaje del movimiento social que termina el 2011 con todas las consecuencias que esto ha traído. Ahí es cuando se divisa y se hace evidente la fractura social que había generado este modelo social y político.

 

¿Qué opciones hay para los espacios subalternos de desarrollar alternativas políticas? ¿Y eso en que se juega o refleja?

 

En mi visión, la crisis política que todavía no deriva en una crisis de legitimidad, porque las instituciones todavía no están en juego propiamente tal, pero si claramente la actual elite política, esto es algo de largo aliento. Por lo tanto, en mi opinión, las condiciones de emergencia de nuevos actores políticos que pretendan darle a su vez una representación política a los sectores subalternos, es la mejor que ha habido; eso no significa que sea buena, porque el pacto de la transición ha calado muy hondo en la desarticulación de los sectores subalternos. Pero creo que es la mejor que hemos tenido en estas últimas décadas, y además, por sobre todo, es la que hay. Ante ese diagnóstico, hoy día es más urgente que nunca, que quienes buscan o pretenden articular -aunque sea parcialmente- a ciertos sectores subalternos de la sociedad, puedan emerger políticamente a disputarles espacios a la casta, a quienes forman parte de la política de la transición. Creo que hoy es un escenario propicio para ello, independiente de que estas luchas sean a largo plazo y no haya que medirlas solo en términos electorales.

 

 

¿Y en que otro momento de la historia chilena, y a propósito de que movimientos se referencian a la hora de pensar en una alternativa política?

 

Yo creo que, por ejemplo, la crisis de los años 20 que parte con una tremenda deslegitimación del sistema institucional chileno, una crisis de representatividad, y después abiertamente una crisis de legitimidad, deriva en la formación del Partido Obrero Socialista, que se forma con la junta salitrera; el Partido Demócrata, y después Recabarren que transforma el Partido Obrero Socialista en el Partido Comunista, a principios de la primera o segunda década del siglo 20. Creo que es un ejemplo muy claro de cómo la decadencia de los pactos elitarios permiten la emergencia de nuevas alternativas políticas. Para nosotros por lo menos, evidentemente son un referente las luchas obreras que se dieron a lo largo de todo Chile, y no solo en el norte como muchas veces se piensa, -si no también aquí en la Patagonia. Por cierto, la fundación del Partido Socialista en 1931, articula a sectores ilustrados de la clase media emergente que también buscan darle una representación a las fuerzas sociales subalternas que hasta ese momento no habían tenido representación política.

 

 

-Hay un riesgo de caricaturización, hoy hay muchas fuerzas de izquierda diciendo hagamos un Podemos o un Syriza; pero como decía Mariátegui: “ni calco, ni copia, sino creación heroica”, y nosotros tenemos que encontrar nuestro propio camino en función de la realidad chilena-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Respecto al gobierno de Bachelet y el “realismo sin renuncia”, este gobierno llegó con la promesa de responder al malestar ciudadano acumulado ¿Cuál es tu evaluación sobre esta promesa del gobierno? ¿Cómo ves el modo concreto en el cual abordaron los problemas?

 

La Nueva Mayoría está siendo víctima de sus propias contradicciones, en el sentido de que en un comienzo ellos se articulan bajo la égida del liderazgo de Bachelet, independiente de las profundas diferencias internas que tenían. Yo estoy consciente de que una coalición política debe tener diversidad en su interior, pero en su campaña Bachelet intenta hacer propias varias de las demandas que había instalado el movimiento social. En mi convicción es que se funda en torno al liderazgo de Michelle Bachelet, sin antes resolver el cómo enfrentar las diferencias internas que tenían respecto del programa que pregonaba, y eso ha terminado en una tremenda improvisación a la hora de llevar adelante las reformas, en educación es donde se hace más patente, donde de una semana a otra aparecen diferentes noticias, propuestas, criterios. Esto es producto de que en la ambición de volver al poder, la Nueva mayoría no es capaz de crear una unidad política para gobernar, por lo tanto al final del día, terminan haciendo un gobierno de empate, en donde dos se ponen de acuerdo y muchas de las reformas terminan siendo tremendamente gatopardistas. Hablan con mucha verborrea, por ejemplo, el terminar con el plan laboral de la dictadura, se transforma en reforma laboral, pero al final del día lo que se termina realizando son correcciones de los excesos del modelo neoliberal, más que transformaciones a la esencia del mismo. No hay una propuesta de un nuevo modelo de desarrollo, y eso está muy cruzado por la obsesión por retornar al poder más que por generar un cambio político.

 

 

Ahora el gobierno se sostenía en 3 grandes reformas: tributaria, educacional, y constitucional, y en el camino se fueron agregando otras ¿Hay un cambio de dirección del gobierno, cuál es el momento en que ocurre eso, y donde se apoya el gobierno?

 

Yo no creo que haga un cambio de dirección, yo creo que la actual situación del diario habitual que tiene esta discusión del realismo sin renuncia es básicamente la expresión de las contradicciones internas de la Nueva Mayoría. Que haya existido en el periodo inmediato un cambio de división interna, o una disputa que sea nueva, yo creo que simplemente el realismo sin renuncia es la expresión de las contradicciones que siempre han existido, y ahora utiliza como excusa el escenario económico nacional e internacional; me parece que desde la izquierda esta tesis no la podemos avalar.

 

 

El gobierno se sostiene en una alianza que pretendía ser mayor que la Concertación, aliándose con organizaciones que pudieran representar ese malestar ciudadano ¿Crees que ese diseño resultó, es posible representar ese malestar dentro del gobierno?

 

Este malestar que existe en la ciudadanía es de largo arrastre, hoy día no tiene representación política, ni en el gobierno ni fuera de él. Es que sería muy arrogante pensar que alguna fuerza de izquierda es representativa de esa facultad; Marcel Claude lo intento muy explícitamente y ya vemos como le fue. En ese sentido, hay que ser muy cauto, porque la articulación va a tomar mucho tiempo.

 

Ahora, efectivamente al incluir al Partido Comunista y, al tener esta suerte de pacto con Revolución Democrática de colaboración critica, lo que buscaron desde la Nueva Mayoría fue tratar de controlar o comprender qué había pasado en Chile desde el 2006 en adelante; pero eso es precisamente producto de las contradicciones internas de la Nueva Mayoría, más que por responsabilidad de estas organizaciones que mencionaba, no dio resultado. En educación el lugar de más fácil de acceso, ni siquiera los profesores, -el Colegio de Profesores que siempre ha sido un activo que tenía todas las potencialidades de ser un aliado del gobierno para sacar esta reforma, ha perdido respaldo.

 

 

Y por el otro lado ¿Cómo crees que le fue a ese sector de izquierda progresista con su apuesta?

 

Yo creo que está por verse, es muy pronto en el caso del Partido Comunista; para decretar un triunfo o derrota, pero sí creo que la definición que han tenido los compañeros, -y digo compañeros de forma intencionada, por que esperamos trabajar con ellos-, a los compañeros de RD les ha jugado en contra estar con un pie afuera y otro dentro. Respecto al PC, ellos siempre piensan a largo plazo, por supuesto es una política que no comparto, pero espero que en algún momento nos podamos encontrar trabajando juntos para construir la unidad de las clases subalternas en Chile. Pero ellos trabajan abiertamente con sectores neoliberales.

 

 

-las condiciones de emergencia de nuevos actores políticos que pretendan darle a su vez una representación política a los sectores subalternos, es la mejor que ha habido; eso no significa que sea buena, pero creo que es la mejor que hemos tenido en estas últimas décadas-

 

 

¿Qué rol le cabe a las luchas sociales en relación a la política, y cuál es el vínculo que como Izquierda Autónoma pretenden establecer en ella?

 

Yo creo que tenemos que volver a un principio que durante mucho tiempo fue básico y esencial de la política. En los 90 con toda la oleada neoliberal se fue dejando muy en el olvido, no se puede hacer política sin sociedad. Pero el hacer política sin  sociedad no significa, -quizás esto se mal entendió en la época de los 60, 70-, suplantar a los actores sociales mediante los partidos políticos, yo creo que tiene que haber una vinculación permanente, un diálogo constante, que los partidos políticos estén insertos en las luchas sociales, pero sin quitarle su autonomía o suplantarlos, como muchas veces ha sucedido en la historia de Chile.

 

 

Desde la lucha educacional emergen varias organizaciones: Frente de Estudiantes Libertarios; Unión Nacional Estudiantil; Fuerza Universitaria Rebelde y la misma Izquierda Autónoma ¿Por qué crees que sucede eso en esta lucha en particular?

 

Yo creo que la lucha educacional es muy fecunda en términos de organizaciones políticas porque expresa toda las contradicciones del modelo neoliberal en Chile, y todos quienes nos sentimos excluidos por este modelo de desarrollo, finalmente hemos encontrado en la lucha educacional un espacio de aprendizaje y construcción insoslayable. Ahora, yo creo que el tremendo desafío que tenemos, en particular desde lugares como Izquierda Autónoma, es no reducirnos solo a la lucha educacional; Izquierda Autónoma no puede ser el “partido de los estudiantes”, tenemos que lograr inserción política en otras luchas sociales. Entendiendo que hoy en día lo educacional va mas allá de lo estudiantil, si no que el gran potencial de la lucha educacional es que representa todas las contradicciones del modelo neoliberal aquí en Chile, y que se mantiene vigente después de tantos años.

 

 

Respecto al sentido de la participación de Izquierda Autónoma en el Congreso ¿De qué les ha servido participar en este espacio?

 

Nosotros siempre hemos sido claros desde un comienzo, para nosotros el Congreso en ningún caso es un punto de llegada, ni creemos que desde allí se puedan solucionar los problemas que estén en Chile. Siempre hemos sostenido que es desde las luchas sociales donde eso se va llevar adelante. Dicho esto, la experiencia en el Congreso nos ha servido para entender desde el mismo escenario la decadencia de la política de transición; yo diría que también ha sido un tremendo aprendizaje respecto al trabajo territorial aquí en Magallanes; y él como estas luchas sociales pueden también desembocar en articulaciones políticas de relevancia nacional. Lo que nosotros estamos haciendo aquí en Magallanes ha producido impacto nacional porque creo que hemos logrado interpretar -no representar-, un malestar que es común en diferentes regiones del país. Para eso la plataforma parlamentaria ha sido muy útil, un aporte, pero nosotros no nos perdemos en que no es allí, desde el Congreso, donde se van a producir las transformaciones a las que estamos apuntando, que tienen que ver con el modelo de desarrollo que está vigente desde los 80 hasta el día de hoy.

 

 

¿Cómo se concilia la relación con las instituciones y la movilización social?

 

Es algo que se realiza día a día, creo, las luchas sociales no se compartimentan, si no que están todas íntimamente vinculadas; y el trabajo que nosotros estamos haciendo desde el parlamento tiene que estar necesariamente imbricado y en contacto con las luchas que estamos dando, tanto en el campo estudiantil desde Izquierda Autónoma, como en otros campos, por ejemplo: en la discusión sobre matriz energética que es infaltable, o la discusión sobre vivienda, que también estamos comenzando a instalar, y la discusión con las fuerzas sociales. Hay un permanente diálogo entre esas diferentes fuerzas, porque si no al final terminaríamos haciendo política de empresa, donde cada uno resuelve en su departamento y después nos juntamos a ver los resultados comunes, pero para nosotros toda la lucha política es una misma cosa.

 

 

-no podemos quedarnos como el partido de la juventud, tenemos que ser capaces de convocar a los viejos socialistas históricos, que se sienten decepcionados de la perspectiva neoliberal de la Concertación o luchadores sociales de los ´80 que hoy no tienen militancia-

 

 

¿Cuál es la relación de esas luchas con la institucionalidad?

 

Nosotros hoy tenemos que entender la institucionalidad -en realidad la institucionalidad chilena en particular-, es muy elitaria. Por lo tanto las actuales instituciones hay que aprovecharlas, pero hasta donde den, no hay que sacralizarlas por que no son representativas de la diversidad de la sociedad chilena. Eso se puede ver expresamente cuando sólo el 5% de los chilenos hoy en día valora el rol del Congreso o solo el 3% valora el rol de los partidos políticos. Entonces, insisto, las instituciones no son sacras, yo creo que nosotros estamos aquí para transformarlas, no para perpetuarlas.

 

 

¿Y qué rol le debiera caber a un espacio como el Congreso en su relación hacia la sociedad?

 

El Congreso debiera ser el lugar donde se represente la diversidad de la sociedad chilena, y eso hoy en día claramente no es así. Yo creo que la política elitaria, en parte explica el carácter y la profundidad de la crisis de representación que tenemos hoy en día, de no interpretarse va a derivar rápidamente en una crisis ya de legitimidad y probablemente de representatividad. El Congreso claramente debiera ser el lugar donde se ofrecen las diferentes contradicciones, las diferentes disputas sociales, pero eso solo es posible en la medida que sea representativo de la diversidad de las mismas, y como hoy en día solo representa a una pequeña elite nacional, el Congreso rápidamente pierde legitimidad.

 

 

¿Qué está peleando hoy Izquierda Autónoma y cuál es la apuesta? ¿Qué objetivos hoy día se plantean desde la organización?

 

Yo no soy el vocero de esta organización, por lo tanto no me corresponde a mí decir eso. Pero lo que sí puedo comentar es que uno de nuestros principales desafíos hoy en día es constituirnos nacionalmente, en eso estamos, en un proceso de convergencia como una alternativa política que tenga un impacto en el país, y no quedarnos con luchas sectoriales. Ese es el principal desafío que tenemos hoy, esa es una lucha difícil porque nosotros no estamos por un electoralismo que nuble nuestro eje, sino que entendemos que las elecciones son una herramienta más para la transformación social, pero no la única. Y vemos con mucha preocupación cómo la política se ha electoralizado tanto que al final las discusiones van de cómo quitarle un voto uno o a otro, pero no qué sociedad queremos construir. En ese sentido nuestra prioridad ha sido construir unidad política de la corriente autonomista para poder salir a enfrentar estas preguntas, en eso estamos y yo diría que este año a más tardar ya deberíamos tener resultado de este proceso.

 

 

¿Qué forma crees que debería asumir esta organización?

 

Esa es una discusión abierta, yo creo que tiene que ser una forma flexible que permita articulaciones en torno a conflictos sociales locales, que no sea centralista, que no replique el centralismo que tiene el país. Creo que tenemos que tener unidad política en lo estratégico y permitir diversidad en aspectos coyunturales; creo que tenemos que ser capaces de dar disputas electorales en ese sentido, yo no veo problema en la posibilidad de convertirnos en partido político, pero siempre entendiendo que la orgánica es una herramienta para la política, que la orgánica no puede ser el fin de nuestra acción, ni pensar en un “identitarismo” que nos deje tranquilas las conciencias, pero que no sea una herramienta para la transformación social.

 

 

Y por último ¿Con qué otras fuerzas sociales y políticas, debería dialogar o articularse Izquierda Autónoma?

 

Con todas las luchas sociales que entren dentro de nuestra línea estratégica de transformación del actual modelo capitalista de desarrollo en Chile. Ahí  hay flexibilidad y amplitud para poder enfrentar y hacerse parte de esas luchas sin suplantar a los sujetos que las están dando. Las futuras fuerzas políticas, creo que hoy tenemos que avanzar a tener un mayor campo con los compañeros de Revolución Democrática, y por cierto, con los compañeros de Izquierda Libertaria, y la Unión Nacional Estudiantil. Pero tampoco podemos quedarnos en eso, no podemos quedarnos como el partido de la juventud, tenemos que ser capaces de convocar a los viejos socialistas históricos, que se sienten decepcionados de la perspectiva neoliberal de la Concertación; a viejos luchadores sociales de los ´80 que hoy no tienen militancia; tenemos que ser capaces de dialogar con el mundo humanista; debemos también apuntar principalmente hacia los que no tienen militancia política, hacia jóvenes y gente que vivió toda la transición y que no se sentía identificada con la política, pero que hoy en día ven estas nuevas fuerzas alternativas de transformación; tenemos que ser capaces de convocarlos a ellos.

 

 

[1] Periódico italiano fundado en Turín por Antonio Gramsci e intelectuales socialistas en 1919.

 
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