Las manos del mar y del suelo: bienes comunes en la sociedad actual

Doris González Lemunao, vocera nacional Movimiento de Pobladores UKAMAU.

Cuando hablamos de bienes comunes, es complejo pensarlos desde un sistema perverso de acumulación, segregación y depredación, que es el actual en nuestro país, esta larga y angosta faja de tierra en donde se pide a gritos mayor participación. De ahí que la movilización social constituye  “la” posibilidad de visibilización de este tipo de conflictos, desde diversas comunidades a lo largo del territorio, quienes se han alzado ante la barbarie y depredación de nuestros recursos.

Los bienes comunes nos hablan de bienes que pertenecen y responden a interés de todos y cada uno de los integrantes de una comunidad. En los diversos espacios y territorios donde la comunidad se hace partícipe, donde se ven afectados sus derechos e intereses, como lo define Javier Rodríguez1, “la libertad es patrimonio de todos, todos nacemos libres en dignidad y derechos, es un bien común. Como lo es el oxígeno que respiramos, el color de una flor, el sonido de una cascada, el silencio o el murmullo de un bosque, el viento, el cosmos. En este sentido, el suelo, el subsuelo mineral, el glaciar, el agua, no son recursos naturales sino bienes comunes. Dicho de otro modo, las riquezas que habitan en la tierra, no son recursos naturales, sino bienes comunes”.

En ese sentido es que nuestro país está al debe en la materia: lo que tradicionalmente se  le considera como bienes comunes ya no lo es o, en su mayoría, están en manos de privados que han denigrado a las comunidades en pos de las grandes ganancias para un pequeño sector de nuestro país. Incluso, en algunos casos, entregando éstos a las transnacionales, una vez más poniendo al mercado como eje central de las relaciones humanas y como se vincula esta en el medio donde nos desarrollamos y construimos la vida.

-lo que tradicionalmente se  le considera como bienes comunes ya no lo es o, en su mayoría, están en manos de privados que han denigrado a las comunidades en pos de las grandes ganancias para un pequeño sector de nuestro-

El mar: en manos de las pesqueras

En Chile tenemos casos muy particulares en el que centraremos la discusión, son bienes como, por ejemplo, el mar y el suelo, sobre las cuales diversos sectores sociales han levantado discusiones. Discusiones en torno a cómo en base a políticas públicas, que deberían resguardar estos bienes de uso público, en cambio se han transformado en moneda de cambio entre algunas y algunos señores del mundo político y del mundo empresarial, poniendo al desnudo la colusión político-empresarial en torno a estos dos bienes, fundamentales para la subsistencia humana

Hoy, un par de casos mediáticos que mantienen la discusión acerca de quiénes se benefician con la ley de pesca y cómo se gestó aquella. Por ejemplo, el “honorable” Jaime Orpis desaforado y actualmente con detención domiciliaria, en el caso de la ley que regula la explotación de nuestro mar. A esto se suma la situación de Iván Fuentes (comprometido económicamente con los poderes empresariales del mar), lo que nos muestra que bajo ningún aspecto la corrupción que rodea el asunto es un caso aislado. Con su confesión televisiva, se ha terminado por exponer un verdadero esquema de corrupción política en el país, en que empresas y asociaciones empresariales pertenecientes a las 7 familias se organizan para financiar ilegalmente a autoridades de gobierno, parlamentarios y dirigentes sindicales, con el fin de privatizar y monopolizar la propiedad y explotación de las pesquerías: CORPESCA en el norte; ASIPES en el centro-sur y FIPES en el sur-austral.

-para las organizaciones de pobladores es un escenario complejo. Quienes llevamos adelante la lucha por el rescate de nuestras comunidades en torno a la vivienda social o de interés público, es muchas veces la pelea de David contra Goliat-

La respuesta desde el mundo social y político es levantar con más fuerza y legitimidad la demanda de anulación a la ley de Pesca. Tensionando la contingencia que rodea el acuerdo político empresarial de saqueo a nuestros recursos naturales y bienes comunes.

El suelo urbano: en manos de las inmobiliarias

En Chile existe un recurso que cada día es más escaso: el suelo. Éste es un recurso natural y bien común fundamental para la subsistencia y desarrollo de la vida: recurso sobre donde sembramos, donde nos constituimos como humanidad, donde se levantan fábricas, hospitales, escuelas, viviendas, etc. Es eso lo que pone en absoluta contradicción el actual modelo de construcción versus la vivienda. Más aún, la vivienda social o vivienda de interés público. Lamentable es que el suelo para las inmobiliarias y grandes constructoras no escasea, más bien abunda. Teniendo un órgano estatal que debiera resguardar a la ciudadanía y pensar en la planificación de ciudad, barrio y comunidad, el MINVU, quien como vemos, no cumple su labor. Lo que ha venido haciendo el Estado es dar carta blanca al sector empresarial y no a las comunidades y lo que es más, de espaldas a ésta. Teniendo incluso como ejemplo a la familia de la Presidenta de la República,  donde su hijo se hace parte de la esta problemática poniendo al descubierto las malas prácticas con las que se lleva el negocio del suelo.

Para las organizaciones de pobladores es un escenario complejo. Quienes llevamos adelante la lucha por el rescate de nuestras comunidades en torno a la vivienda social o de interés público, es muchas veces la pelea de David contra Goliat, para hacerlo más gráfico. En muchos de los casos para lograr la negociación de la compra de un terreno se han debido utilizar diversas formas para ser escuchados, demostrando en muchos casos la falta de voluntad de las autoridades para dialogar con la ciudadanía, buscar soluciones y alternativas.

-las acciones y demandas de nuestro pueblo tienen un 100% de contenido político y es con mayor participación y democracia real, podremos cambiar la forma de hacer política, de cara las mayorías, construir con justicia social-

Empoderar a las comunidades para recuperar los bienes comunes

Debemos utilizar las herramientas que la legalidad nos permita para abordar estas situaciones, donde sea efectiva la participación de las comunidades y no simplemente se utilice la palabra participación como un simple listado de asistencia a una reunión. Debemos ampliar estos márgenes, crear nuevos y necesarios espacios de auto resolución de las comunidades, y de esa forma tener una mayor incidencia en torno a las decisiones que tienen que afectan nuestras vidas y cómo se afectan éstas.

Como actores sociales, debemos seguir bregando por una mayor participación, por ampliar la democracia, pensando que hoy existen demandas desde la ciudadanía que van en ese sentido, sentido de empoderarnos, que no sigan siendo un puñado quienes eligen y deciden que es lo que pasa con nuestras vidas, debemos recuperar la política para las mayorías, no debemos permitir y replicar el discurso que de manera conveniente nos dice la “casta política”, coludida y corrupta: que la política no sirve o debemos sacar la política de nuestras demandas. Por el contrario, las acciones y demandas de nuestro pueblo tienen un 100% de contenido político y es con mayor participación y democracia real, podremos cambiar la forma de hacer política, de cara las mayorías, construir con justicia social.  

Debemos seguir articulando y creando espacios de participación, con vocación de mayorías que nos permitan fortalecer la democracia en aspectos participativos, no solo en lo representativo, y que de esta forma se cumplancada una de las esperanzas y sueños por recuperar nuestra soberanía, nuestra democracia participativa, representativa y comunitaria. Seguir trabajando con y desde nuestras comunidades, dotarnos de conocimientos para aportar las herramientas que sean necesarias. Esta es la forma que nos permitirá avanzar en la recuperación de nuestros bienes comunes para todas y todos nosotros, recuperar el mar y el suelo para nuestras comunidades, con esto tener en nuestras manos las decisiones del uso de estos, no para la avaricia de unos pocos, sino para el beneficio y progreso de muchos, en las manos de las mayorías. Así construir de manera efectiva nuestra soberanía e independencia.


1 Periodista, miembro de la Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE) y la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).

 
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