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  • Camilo Riffo Quintana

¿Cuál es la ciudad que queremos?


Por Camilo Riffo, Director Fundación Síntesis

Mientras se esperan los resultados del catastro recientemente realizado en Aurora de Chile, es importante reflexionar sobre cuál es la ciudad que queremos. En este conflicto aparece por una parte, la Comunidad Organizada del histórico barrio, más de ochenta años donde no solo se han establecido redes y amistades; sino que han construido tanto sus viviendas y caminos, como el mismo terreno, rellenos realizados por las familias del lugar. Por otra parte tenemos los intereses económicos, principalmente del Empresariado Inmobiliario, fuertemente atraído por la brecha de renta y un Estado que se intenta mostrar como mediador, pero que tiene en sus lógicas fundamentales la colaboración al crecimiento económico empresarial, pavimentando el camino de sus negocios.


Aquí se enfrentan dos visiones radicalmente distintas: en la primera la centralidad se encuentra en la construcción colectiva de la ciudad otorgándole valor de uso a los terrenos y fortaleciendo identidad, mientras que en la segunda es la inversión privada la que determina la forma del territorio con el objetivo final de obtener lucro al tranzar estos fragmentos de ciudad en el mercado ¿Cuál es la ciudad que queremos? Una, con la excusa del desarrollo, con edificios de vidrio y hormigón que segrega y excluye a los habitantes históricos para que las calles sean recorridas por inversiones en vez de personas. La otra construye ciudad de forma menos pomposa, con tiempo, acuerdos y desacuerdos.


Crea una ciudad heterogénea donde todos, no solo los más ricos, tienen acceso a los servicios básicos, a las plazas o parques. Una ciudad que respira democracia. Muy distinto a construir un puente sin diálogo con los habitantes que tendrían que ser expulsados. Un mecanismo herencia de la dictadura que también ha sido perfeccionado en estos años de Concertación. Como ciudad podemos ser expectantes y solo ver los avances de este proceso, pero también podemos ser partícipes y llenar nuestros espacios de democracia, alojar el mismo sentimiento que hoy impregna la Educación para conseguir una ciudad justa. Podemos continuar con las lógicas que han primado en los últimos 40 años, pero también podemos buscar cambiarlas, participando en los procesos de construcción de la ciudad, apoyando la organización de la comunitaria y que así esta no sea nuevamente pasada a llevar por los intereses empresariales.


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